domingo, 23 de marzo de 2014

DIME PORQUE



Desde hace un rato llevo pensando como comenzar con estas líneas.  Acabas de marcharte por la misma puerta por la que, hoy, te vi entrar.  Tú llegada ha sido toda una sorpresa, pero a la vez, un tanto extraña.  El lugar es uno de esos cafés, donde tantas veces nos encontramos y comenzamos nuestras charlas.  Hoy has entrado con esa sonrisa habitual, que tantas veces habré descrito, pero hoy, como tú visita, tenía algo diferente, inusual.  Te acercaste, e incluso nuestro saludo, tenía algo diferente.  Algo me decía que vienes buscando “Porqués”. Te sientas y pides.  Esta vez, es algo nuevo.  Comienzo a buscar la razón de tan diferente comportamiento.  Hoy, creo, que vienes buscando una respuesta.  Una justificación del comportamiento de un animal tan ambiguo, que nos hacemos llamar ser humano.
Desde que te has ido, no deja de resonar en mi cabeza una frase que me dijeron una vez, y creo, que ya la he utilizado como justificación para alguna de las búsquedas de esos “Porqué”.  Ese alguien me dijo:”Conserva lo que tienes, olvida lo que te duele. Lucha por lo que quieres, valora lo que posees, perdona a los que te hieren, y disfruta de los que te aman.  Nos pasamos la vida esperando a que pase algo, y lo único que pasa es la vida. No entendemos el valor de los momentos, hasta que se han convertido en recuerdos”.
Es un recuerdo, que aquí sentada, me hace dudar, si te has llevado las respuestas que has venido a buscar.  Hoy viniste haciendo una pregunta muy clara, pero también muy amplia.  Dos palabras llenas de muchos significados. “Dime por qué”  Verdaderamente me sorprendo. Pero aún más,  cuando me dices “Ayúdame a buscar los porqués a mis preguntas. No encuentro ninguna respuesta.  Si las tienes, dámelas”. Hoy estas rompiendo el esquema habitual de estos encuentros que alimentan estas líneas. No sé si tendré las respuestas que buscas, pero quiero ayudarte, me encuentro en la necesidad de ayudarte.  Como tú haces conmigo.  Y creo, qué,  por ahora, no le buscaré uno de esos “Porqués” a esa necesidad.
Lo primero que he hecho ha sido paliar esa sed que tienes de buscar la justificación a todo lo que está ocurriendo.  Comienzas a decirme que sabes que has cambiado.  Que ya no eres la misma persona que yo conocía.  Que algo habrás tenido que hacer para, que siempre, te digan lo mismo.  Pero que esto no va a continuar así. Y que ahora, sí que vas a cambiar de verdad. Creo que mi cara de sorpresa, que no te deja indiferente, hace que me digas que siempre lo has dado, y lo das, todo por todos.  Que te implicas, que nos ayudas.  Que estás ahí. Pero siempre, te vuelve a pasar lo mismo.  Que llegado a un punto, siempre encuentras la misma respuesta, o pregunta, nunca lo sabes.  ¿Por qué has cambiado? y entonces, cuando alguien te dice eso, tú siempre, te acabas preguntando “¿Por qué a mí?” Pero sabes, creo que lo que tú tienes hoy, no es nada de extraño, pues déjame que te diga, que algunas personas se fijan en todos los errores que cometes, pero nunca, en todo lo que haces por ellos. ¿Te sorprendes? Pues yo no.  Sabes que nunca se complace a nadie por igual.  Siempre habrá alguien que te juzgara porque eres lo que no han podido ser.  Y esto lo decimos, porque quién tenemos alrededor, ya no baila a nuestro son.  Y comenzamos a olvidar lo bueno que han podido hacer por nosotros, si no que, sólo recordamos lo negativo.
Pero por primera vez, creo, que no tengo, o si, esa justificación necesaria al comportamiento de ese animal que nos hacemos llamar ser humano.

Pero sabes, hoy te he dejado marchar por esa puerta, no sé si con tus respuestas o no.  Pero ahora me doy cuenta que hoy, te has ido sin algo, que voy a intentar que te lleves con estas líneas.  Hoy cruzaste esa puerta, por la que tantas veces te veo entrar, y aún no sé, pesé a la necesidad de ello, porque me quedé aquí sentada.  Pero al irte hubiera salido corriendo para buscarte y darte ese abrazo que tantas veces me has dado, y que te dijera eso que, tan bien sabes decirme. “Tranquilízate.  He estado, estoy, y estaré aquí.  Porque todo pasará.  Porqué no eres tú quien cambio, si no los que no sabemos apreciar lo esencial de las personas.  Eso que tenemos cada uno de nosotros y podemos compartir para que los demás sean mejores.  Pero no, no cambiaste, sigues siendo quién conocí, en algún momento de esta existencia.  Quien no se rinde.  Quien lucha por lo que cree, y por lo que quiere.  La persona que te tiende su mano. La que ríe o llora contigo, si es necesario, y la que alimenta estas líneas.  Las vivencias y las experiencias que me llevan a buscar los porqués de la vida.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

El Porque contarle la vida como un cuento


Hoy, como otras tantas veces, mis pasos me llevaron a un lugar de reflexión.  Ese refugio que tú ansias por conocer, y yo, prefiero guardar en un profundo secreto.  Sí, lo sé, siempre me dices lo mismo. “¿Por qué te lo guardas? ¿Por qué no compartes algunas cosas?” Te podría poner infinidad de Porques en cada una de mis respuestas, pero, no voy a buscar el motivo o la causa que me lleva a ser tan egoísta en ese aspecto.  Te podría decir que es un lugar emblemático por donde han transitado romanos, plebeyos, burgueses, nobles, clérigos, esclavos, héroes y villanos.  Y como no, algún que otro santo.  Pero no sé porqué he decidido comenzar, lo que verdaderamente quería decirte, con todo esto.  Posiblemente sea, que hoy, y en éste lugar, vino a mi memoria uno de esos muchos encargos, que me gustan hacer, y que para fortuna de unos e infortunio de otros, sólo conocen el resultados aquellos que han realizado el encargo.  Como sabes, le he escrito al sentimiento de unos novios. A quien decidió hacer un sueño realidad sin olvidar quién es y de donde procede.  He contado historia de una vida.  Leyendas, cuentos y un largo etc. de cosa, que siempre, sé, que te gusta escuchar.  Y otras, que desearías leer pero, yo, no te he dado esa oportunidad.  Por ello, hoy, he decidido revelarte alguno de esos secretos.  No sé el porque cuando hoy paseaba por éste lugar, que tanto me gusta e inspira, recordé, que hace unos meses, llegaba al mundo el hijo de una amiga.  Al pedirle que me avisara para felicitarla, e ir a conocer, al nuevo integrante de esa familia, recibí una negativa por respuesta.  Imagínate como sería mi sorpresa.  Pero con una de esas inquietantes sonrisas, me respondió “No quiero que me felicites.  Yo te avisaré de que él ya está aquí.  Y quiero que le escribas, que le des la bienvenida a éste mundo.  Algo con lo que, yo, y él, siempre, al leerlo, recuerde quien es”.
Esa respuesta me sorprendió.  Pues nunca me habían pedido nada igual.  Pero yo, como siempre, no conseguí negarme.  Llegado el 31 de enero, recibí un mensaje que decía “Hugo ha llegado al mundo.  Todo bien, estamos bien.  Ahora ya sabes lo que espera, lo que esperamos.  Seguro que mercera la pena”  Leído esto, decido guardar, en mis enseres de diario, esos artilugios que, a ti, te parecen tan modernos, y a mí, me son tan útiles.  Un blog y una pluma.  Pasan los días y no sabía que podía contarle a Hugo de lo que es el mundo.  De que es la vida, y las noticias no ayudaban nada.  Y casualmente, y sin meditarlo mucho, decidí salir a pasear.  Esos pasos me llevaron al mismo lugar donde hoy, meses después, me encuentro.  E imaginando todos los acontecimientos históricos que han sucedido aquí, me surgió la pregunta de ¿Por qué no? Porqué  no  contarle la vida como un cuento. “Tras ese pensamiento abrí el blog tomé la pluma entre mis dedos y comencé a escribir.  Antes de redactártela, y ponerla en conocimiento de todas aquellas personas que la quieran leer, déjame decirte, que, puede que haya venido a mi memoria, ya que las noticias de hoy, no son tan diferentes a la de aquellos días.  Sería un modo de buscar la “justificación y causa”  de algunos comportamientos, y sí, además, le sumo la música que resuena, de fondo, en este lugar, nos imagino sentados, aquí, compartiendo esas charlas, que son una de las fuentes de inspiración, culpables, de que yo comenzará estas líneas.  Seguro, éste, es el lugar perfecto para leer la bienvenida de Hugo, y recordar, como todos comenzamos su misma aventura, y reconocer que hemos ido cambiando.  Que vamos cambiando, porque lo hacemos, sin olvidar quienes somos, y cuáles son los valores que nos han enseñado.  Una realidad que te podría contar así:
“Querido Hugo:
Hace días que debería haberte entregado estas palabras de bienvenida al mundo, pero por un motivo o por otro no hago más que cambiarlas. Podría decirte que has llegado en un momento en que todo está bien. Y Así es. Te podría decir que todo es maravilloso, que los niños que hay en algún lugar del mundo, juegan como tú. Que disfrutan y tiene todo tipo de cosas, como tú. Y que no están en desnutrición y no tienen peligro de contraer enfermedades inimaginables. Te podría decir, que todos somos honestos. Que existe la paz en el mundo, y que seres pequeñitos y adorables, como tú, no deben librar cada día una batalla para poder sobrevivir. Sabes, podría, en este momento, decirte tantas cosas que podrían estar bien, pero no es la realidad. Pero sabes, a mí me enseñaron, que de todo lo difícil, o menos fácil, se saca siempre algo positivo. Y así es. En estos tiempos en los que has llegado al mundo, estamos aprendiendo a ser más solidarios. A compartir lo que tenemos. Ayudar a nuestro vecino, o aquellos que mirábamos por encima de un hombro, y ahora, necesitan nuestra mano. Nuestro abrazo. Nuestro aliento. Nuestro corazón. Estamos aprendiendo a disfrutar de lo que tenemos. De quién tenemos a nuestro alrededor. Por ello, creo que debo decirte, que has venido en el mejor momento. Sabes, eres como el protagonista de una historia. La de esos cuentos de reyes, príncipes, princesas, dragones y guerrero, que seguramente tanto te van a gustar. Has llegado a un castillo donde los reyes son papa y mama. Donde ya existía un príncipe valiente, llamado Xavi, que va a cuidar de ti. Que luchará por ti, y a tú lado. Dos grandes guerreros a la conquista de un mundo, casi perfecto. Dos herederos de un trono que reirán juntos, que jugarán juntos. Que, aunque a veces intente que tú seas el malvado de la hazaña, realmente lo que querrá es que vivas con él una nueva aventura. Con quién compartirás, y uff!! Aunque alguna vez os toqué perder, o posiblemente sea menos sencillo de lo que parece,  serán los triunfadores. Y  venceréis más de mil batallas. Pero no debes olvidar a la Corte. Una corte que te quiere, y que te esperaba con los brazos abiertos. Una familia, donde no existen tiranos, ni villanos. Donde, junto con el Príncipe Valiente, y los Reyes, te protegerán sin desmedida. Te querrán, y te enseñarán los valores esenciales de un Gran Guerrero a imitar y admirar por muchos. La sencillez, humildad, la valentía, la solidaridad, la honestidad, la gratitud y el buen hacer de las personas que viven en el reino. Y con todo eso, y un montón de virtudes y valores más que irás conociendo, podrás hacerte un gran príncipe. Pero sobretodo, una gran persona. Y en el que todas las princesas, y habitantes femeninas del reino, se fijarán en ti. Y te querrán. Y desearán que tú seas el príncipe de sus sueños. Cayendo rendidas a tus pies, enamorándose perdidamente de ti. Por qué, sabes Hugo, yo creo que ya me he enamorado de ti. Por ello, aunque te seguiría escribiendo muchas cosas más, decirte Hugo, que bienvenido a este magnífico mundo de juegos, diversión, de algún llanto y momentos maravillosos. Y que, tú, si que has sabido llegar en uno de los mejores momentos. Comienza tu aventura. La vida.

martes, 30 de julio de 2013

El porque de las etiquetas

Hoy, otra tarde más, cuando podría estar esperando nuestro encuentro, casualmente, decido sentarme en una mesa sola.  Decido, como siempre que te espero, observar las historias que cada uno de los demás, sin quererlo, me pueda contar de su propia vida.  Hoy estoy en un lugar de eso que sabes que me gusta llamar mi refugio.  Creo que aquí no hemos compartido de esos coloquios que nos gustan.  Esos con los que intentamos que haya un mundo mejor.  Esos que, hacen, que nuestras charlas sean amenas y divertidas.  Esos que inspiran estas líneas, y sin saber porque, las tenía bastante abandonadas.  Pero hoy, decidí volver a retomar este trabajo.  Esta sesión, que gracias a ti, hace más llevadero el tomarse una taza de café, un refresco, etc. en esas tardes, en las que te espero, para saber de ti.  Saber cómo sigue tu vida.  De contarte la mía.  De entender, y aprender, de las experiencias de cada uno.  De llorar, y reír, siempre que es necesario, contigo.  Y que debo reconocer, que es una base fundamental para esto, que en su día, no se aún, cómo, nació.  Pero que me gusta compartir, no sólo contigo, si no con quién se sienta a nuestro alrededor a reflexionar o entender, como una palabra puede dar tantos significados.
Con un café, que amablemente me sirvió…-mejor guardaré el nombre, para no darte pistas- me sonríe.  Y yo, le doy las gracias.  No sólo por ese café, si no por buscarme un sitio privilegiado en el local.  Ya me conoce.  Ha visto el blog y la pluma.  Artilugios, para ti, muy a la última, y sabe que hoy volveré a escribir.
Este lugar me gusta por muchas cosas.  Tiene su encanto, pero hoy al entrar comenzaron a sonar unas notas.  Y me sorprendí.  Antes de comenzar a escribir, lo que pudiera surgir, decidí hojear una revista en la que me llamo la atención un artículo.  En él explicaba que según la música que podíamos escuchar, se nos definía con un carácter u otro.  Casualmente, pocos días antes, vi un reportaje en el que muchos personajes de película, aquellos que tenían unos rasgos muy característicos (que no te voy a definir) tenían unos gustos musicales muy peculiares; o escuchaban un tipo de música muy definida con su perfil.  Al sumar todo eso, sonreí. - ¿Por qué?- Te preguntarás.  Pues fue debido a que la música que sonaba de fondo, me recordaba a esos personajes, y además es una de esas canciones que sabes que tanto me gusta escuchar.
Si siguiera los patrones de eso que escuche y de aquello que leí, seguramente yo, por ese tipo de música, tendría unos rasgos psicológicos bastante de…”echar a correr”.  Pero ello hace que me surja la pregunta de ¿Por qué etiquetamos? ¿Por qué nos dejamos llevar por la primera impresión?
Aún recuerdo, y lo recordamos, el día que tú y yo nos conocimos.  Creo que nuestras impresiones, fueron completamente distintas a la opinión que tenemos hoy.  Reconozco que intento no juzgar por esa primera impresión, pero aquél día me choco.  Nos presentaron, y la conversación (si es que la hubo) fue fluida.  Nos fuimos dando cuenta, sin decir nada, que, compartíamos muchas formas de ver las cosas.  La Vida.  Pero, también, grandes diferencias.  Desde aquél día, cuantas veces no habremos repetido aquello de “La verdad no es siempre lo aparente”.  Y otras tantas nos habremos reído de lo que pensamos de cada uno.  Pero hoy, lo bueno, es que reconocemos que nos equivocamos, y que fue (como según tú y yo decimos) “Un pequeño milagro de la vida” que se cruzarán nuestros caminos.
Siempre nos preguntamos aquello de “Por qué lo hacemos”, creo, que, porque buscamos una justificación, un motivo a como nos comportamos, o se comportan, delante de nosotros.  No damos tiempo a que la persona se muestre como es.  Tú te ríes de mí, porque, me dices que mi primera impresión es la de salir corriendo.  Gracias por el piropo.  O tenerme miedo.  Yo de ti, pensé, que… Bueno podría salir corriendo o plantarte cara.  Y creo que decidí la más correcta, que ya sabes cual fue. Por eso, me sorprende, qué,  por el mero hecho de escuchar un tipo de música u otra, se nos pueda definir de una manera de ser.  O etiquetarnos por una posición social.  Por vestir con un tipo de ropa.  Y así con una infinita de cosas que hace que nos hagamos una idea, casi siempre errónea, al ver una persona.  Pero de eso, creo que ya sabes lo que pienso.
Conmigo, modestia aparte, sé que se podrían romper los esquemas de que aparentamos y de lo que realmente somos.  Quién nos iba a decir, a ti o a mí, el día que nos conocimos que acabaríamos teniendo tantos pensamientos en común.  Qué cuando compartimos opinión, lo hacemos, sabiendo que la respuesta va a ser la misma.  Ya te he dicho antes que “el porque de las etiquetas” puede que sea la manera de justificar el comportamiento de las personas.  Personas que por su apariencia, forma de pensar, o bien la manera de comportarse, tendrá un carácter u otro.  O bien, lo usamos como escudo para saber a quién dejaremos entrar a eso que llamamos vida.  Eso camino lleno de experiencias.  Y si realmente la persona no es como esperábamos, diremos aquello de “Yo ya te dije que… el día que me lo presentaron” o “si es que ya se le ve, nada más llegar”.  Por lo qué, podría ser una manera de escudo para, por si nos equivocamos con alguien, buscarle el porque (o la justificación) necesario a un comportamiento, o barrera, que no es a nuestro imagen o semejanza. 
Por todo eso, si hoy, alguien que no fueses tú, viera que música escondo tras esos diminutos cascos que uso alguna vez.  O entendiera mi sonrisa, no sólo por cortesía, al entrar en el lugar donde me hayo, posiblemente (que ya lo habrá hecho) me habrá etiquetado con unas características muy concretas, esas que sabes que tanto me gustan, y me salude por cortesía.  Pero al igual que yo, y que sucedió contigo, mejor mantengamos unas distancias, donde yo no rebase su línea de “Siguiente” ni usted la mía.  Porque es tan fácil etiquetar, y dejarnos llevar por ellas, para saber si se cumplirán los requisitos (que les hemos impuesto) a todas esas personas que deciden acompañarnos en el camino de la vida.  

miércoles, 7 de diciembre de 2011

No entiendo nada

Hoy, mientras espero como todos los días en que nos encontramos, estoy indecisa si degustaré uno de aquellos intensos y largos cappucchinos que me traen recuerdos gratos y melancólicos de mi visita a la ciudad de los canales.  O por el contrario degustar un dulce caramelo macchiato, con el que nutrir mis neuronas de rica glucosa para traer recuerdos dulces, y adornar, más si cabe, las risas que surgen en nuestros encuentros.  Encuentros que sirven para aprender de las experiencias de la vida que me cuentas.  Para sonreír, para observar, y porque no, para llorar, de vez en cuando, con las cosas de la vida.
Cuando iba de camino a uno de nuestros muchos lugares de encuentro, en mi reproductor de música sonaban canciones que a ti y a mí nos afloran sentimientos, y que cada una de ellas nos recuerdan a personas importantes de nuestra vida, o incluso, a momentos que hemos decidido vivir juntos.  Cuantas veces no me pediste una sonrisa para poder marcharte de aquél lugar de la ciudad condal, o alrededores, donde estábamos con nuestros cafés o refrescos.  Cuantas veces brindamos y se rompieron las copas donde vertemos la bebida espirituosa más divina, la vida.  O bebimos para borrar el camino que el destino nos hizo andar sin personas que queríamos.  Cuántas veces hemos repasado la maleta que llenamos de recuerdos, vivencias, para realizar el camino de la vida.  Sin idiomas, sin mapas, sin guías.  Sólo sentimientos.  Surcando los senderos de nuestra vida.  Todo para buscar un largo etc. de cosas.
Al llegar al lugar elegido, entro por la puerta y me dedico a seleccionar el mejor rincón del lugar que me permita, mientras espero mi ansiada compañía, observar y adivinar las historias de cada  de las personas que allí se encuentran.  Una vez elegida me siento, y pido una de las bebidas que suelo degustar con tus compañías de días como hoy. 
En el hilo musical del lugar,  y donde yo ya he comenzado a escribir estas líneas de lo que será hoy nuestro encuentro, suenan música de todos los idiomas, que me vuelven a recordar a personas que forman parte de mi vida.  Suena  un padre que decidió dedicarle unas letras a su hijo de 4 años, después de perderlo, para decirle que lo echa de menos pero que seguirá adelante, y creo que no sólo me recuerda a todos y cada uno de las que añoró, si no que a una mesa que hay en el fondo derecho se la podría asignar algunas de las personas que hay sentadas. Ya que, aun que son muchos,  en la cara de alguno se nota que siente esa añoranza.  Él, también, le canto a que cambiaría el mundo para ser mejor persona, y hacerlo por alguien a quien quiere.  Esta es para la pareja que tengo a mi izquierda, que aún que hablan acaloradamente, se nota que el uno sin el otro no pueden estar.  Son perfectos.  También suena una mujer que su voz es pura energía.  Que le ha cantado a la gente que critica, al amor, al lo que se siente cuando te rozan las manos de una persona que quieres.  Esa que es pura energía, y que me recarga las pilas de vez en cuando.  Está va para la chica que tengo sentada en la mesa de enfrente y que habla por teléfono, está pendiente de que su agenda del móvil coincida con su agenda diaria, que se organiza, la canción que suena me la esta describiendo perfectamente.  Me cuenta su historia sin quererlo.  Me da la bienvenida a su realidad.
Después de escuchar varias canciones más, cuando suena una que habla de la confianza que se tienen dos personas, por fin, apareces. Tal y como avanzaba la letra tú te diriges a la mesa con la sonrisa que te caracteriza, y ese guiño pícaro que cuando lo ves me transmite paz, tranquilidad, seguridad y confianza.  Un regalo que se que es seguro cuando estoy sentada frente a ti.  Y que, llegado estos momentos, jamás quiero que se acabe. Porqué me siento a gusto. Desconecto y viajo a las entrañas del mundo del conocimiento y la sabiduría de la vida.  Llegas, y después du un caluroso saludo, donde noto que nos hemos echado de menos, y que queríamos que llegará éste momento, te sientas, y pides lo de siempre.  No varías, lo tienes claro, y eso me gusta.
Comenzamos a charlar, y a observar a nuestro alrededor y comentamos todo lo que podemos imaginar de lo que nos rodea.  Esto hace que nuestra charla empiece a llegar al momento más excelente y esperado de la tarde.  Sería como un precalentamiento léxico previo a una gran oratoria de la vida que trataremos en el día de hoy.  Una gran exposición de lo que son los “porqués” de la vida. Pienso que el día que no tengamos ese momento o tema con el que comenzar trataremos de cómo se cazan los gamusinos o de cualquier otro tipo de conversaciones de besugo. Sigo escuchándote, y por fin, emites las palabras mágicas que las había descifrado en tu rostro, pero no te atrevías a pronunciar: “No entiendo nada”.
Yo creo que cuando usamos esta expresión es debido a que no comprendemos, en la mayoría de las veces, el comportamiento de ese animal que se hace, o nos hacemos llamar, ser humano.  También irá precedido de algún tipo de “porqué o porque, por que o por qué”.  Para acentuar la justificación que necesitamos. Para, después, llegar a un punto concreto de las cosas.  A lo que yo te respondo que ese comportamiento es difícil de entender, y que, buscar cualquier justificación es insólita porque jamás lo entendemos.  Pero, que aún así, seguiremos buscando la justificación que nos lo haga comprender.
Para todo ello, me remito a frase que me dijeron una vez.  Decía algo como “valora lo que tienes, supera lo que te duele y lucha por lo que quieres”.
Ya sé que todo lo que me dices te duele, que valoras eso que no te deja comprender, y que luchas por entender.  Pero yo te digo que lo mismo que respondí ese día.  Pues, desde hace tiempo, lo que hago a diario es agradecer muchas cosas, pero también intento superar aquellas cuantas que dejaron heridas profundas y dolorosas.  Esas que suelen dejar cicatriz, pero hasta que curan te hacen sufrir lo insufrible.  Valoro mucho lo que tengo, hasta el día de hoy, y a las personas, que día a día, me ayudáis a superar el dolor de esas heridas.  Y también sois el pilar que me apuntalan.  Que no me dejáis caer, que secáis mis lágrimas.  Que me escucháis.  Por todos vosotros y por muchas cosas más, lucho cada día.  Por estar ahí sin que me veáis, por vivir, por seguir y por ti.  Esa es mi lucha, mi valor y mi superación de cada día.
Yo te digo eso.  Ya sé que “cada día sabemos más y entendemos menos” eso es lo que me dijo Einstein en una de las muchas conversaciones que tenemos.  No te rías, es cierto, charlamos mucho, igual que contigo.  Además reconozco que aprendo mucho, como contigo, si tuviera una pestaña como en esas redes sociales, clicaría aquello de “Me gusta”.
Lo sé, me falta algún tornillo, pero me ha servido para, hoy, arráncate yo esa sonrisa.  Para no buscar más lo  no entendible.  Para que luches por lo que quieres, valoremos lo que poseamos, olvidemos lo que nos duele, y disfrutemos de lo que tenemos.  Como estos ratos.
Siempre digo que no hemos de buscar la justificación necesaria para sentirnos a gusto con lo que nos hacen los demás, o a veces también hacemos nosotros mismos.  Y nos duele ver ese comportamiento o acción.  Es la decisión que tomamos cada uno, y a veces, ni nosotros mismos no entendemos nada de lo que hacemos.

martes, 18 de octubre de 2011

Buscando los Porqués

Hace tiempo tuve la idea de inaugurar o crear un blogg donde poner un montón de temas en común, que son míseros, pero que si reflexionamos nos surgen grandes preguntas a todos.   Que nadie me diga que nos es cierto, ya que es así.  Muchas, y largas, conversaciones con muchas personas así me lo demuestran.  Esas conversaciones no sólo son educativas, pues me enseñan muchas cosas, sino que además me permiten disfrutar de esas compañías con las que no solo te gusta compartir unas risas, sino que además te sorprenden como un simple tema te puede dar toda una lección de sabiduría y experiencias.
Retomando la creación del blogg debí dejar a un lado, pero ahora he decidido volver a retomarlo.  Lo retomo no sólo porque me encuentre con fuerzas de hacerlo, sino que además, alguien me lo aconsejo como terapia.
Hace muchos meses converse con una amiga, que por la distancia, debíamos hacerlo a través de algo que traen las nuevas tecnologías. Puede parecer un poco frio, pero el chat, fue nuestra primera herramienta de largas, sabias y divertidas conversaciones.  Ella me contaba un pequeño problema que había tenido, y que no entendía, pues no sabía PORQUÉ le había sucedido a ella.  Lo ocurrido no lo había sabido detectar, y cuando consiguió darse cuenta, ya era demasiado tarde.  Ella se sentía fatal, pues no comprendía aquella situación.  Se hundió, incluso la ilusión se le había apagado.  No entendía como toda una vida se podía ir por la borda, así como así.   Largas noches de conversaciones intentando que no se derrumbara, pues yo tampoco entendía aquella situación.
En esa misma época, un personaje conocido –y no diré de qué campo- se quejaba de la situación que él vivía, y el también buscaba su ¿POR QUÉ?  En este caso el no entendía las cosas que tenía a su alrededor, y todos eran, éramos o somos culpables de lo que le estaba ocurriendo en aquel momento.
La verdad es que la situación fue divertida, pero a mí me dio por buscarles a los dos una similitud, y más después de una cena.  En esa cena nuestro conocido fue el tema de conversación, creo que eso es lo que él quería, pero lo cierto es que el tema giraba en la que realmente se estaba organizando por un personaje que buscaba el motivo a su perdida.
Entonces en ese momento yo me hice la pregunta mágica “¿Por qué utilizamos un porque para encontrar una respuesta?”. 
Si analizamos este sustantivo, conjunción causal, preposición o pronombre,  en el fondo nos daremos cuenta que todo, o casi todo, tiene la misma función.
PORQUÉ: Sustantivo, motivo o causa.
PORQUE: Conjunción causal, expresan causa.
POR QUÉ: Interrogación
POR QUE: Preposición y pronombre.  El cual.
Es decir que si analizo todo esto, me doy cuenta que cuando necesitamos buscar un motivo de algo que nos ha sucedido, o nos sucede, buscamos el porqué de las cosas. Primero nos preguntamos aquello de ¿Por qué? Es decir, cual es el motivo de que nos sucediera algo.  Si respondemos con un PORQUÉ, queremos justificar el motivo que nos ha sucedido. 
Mi amiga buscaba el motivo de aquella situación que la estaba llevando a un pozo, del que es muy difícil salir.  Ella buscaba el motivo de que hiciera que le cambiará la vida de un plumazo.  Atrás dejaba trabajo, amigos y en parte familia.  Todo lo que tenía por una nada, ¿Por qué le sucedió?  Quizá sí que lo sepamos, pero pude ser muy duro reconocerlo y buscar donde fallamos en un momento dado de la vida.  O no, simplemente es una falta de desinterés que a veces sucede o un rendimiento por el cansancio de la rutina.  Pero a fecha de hoy, vuelve a levantar la cabeza y su motivo quedo atrás.  Pues ahora cuando se ve caer, vuelve a buscar el motivo que la hizo volver a levantarse.
A nuestro personaje famoso lo que buscaba, o no quería reconocer, la derrota que a veces nos podemos encontrar en nuestro día a día.  Cosas que no conseguimos vencer pues nuestros oponentes son más fuertes que nosotros o simplemente su estrategia es mucho mejor planificada que la nuestra.  Podríamos decir, que realizarán un trabajo exhaustivo y metódico que alguna vez tiene recompensas buenas, y otras, a la larga, no son tan exquisitas para quién las piensa y las lleva a cabo.  Pero nuestro personaje decidió tirar sus balones fuera y no mirar si en su campo había alguna debilidad o no.
Yo, debo de reconocer, que más de una vez he buscados los PORQUÉS de muchas cosas sucedidas, y más en los últimos tiempos.  Y también he utilizado la pregunta de -¿POR QUÉ a mí?- O incluso me intentado justificar diciendo aquello de -PORQUE será mejor que yo- Pero lo cierto es que no hay nadie mejor que nadie, sino que nadie confiesa, o pocos lo hacen, la preocupación por que sufrimos o dejamos que los demás lo hagan.