miércoles, 7 de diciembre de 2011

No entiendo nada

Hoy, mientras espero como todos los días en que nos encontramos, estoy indecisa si degustaré uno de aquellos intensos y largos cappucchinos que me traen recuerdos gratos y melancólicos de mi visita a la ciudad de los canales.  O por el contrario degustar un dulce caramelo macchiato, con el que nutrir mis neuronas de rica glucosa para traer recuerdos dulces, y adornar, más si cabe, las risas que surgen en nuestros encuentros.  Encuentros que sirven para aprender de las experiencias de la vida que me cuentas.  Para sonreír, para observar, y porque no, para llorar, de vez en cuando, con las cosas de la vida.
Cuando iba de camino a uno de nuestros muchos lugares de encuentro, en mi reproductor de música sonaban canciones que a ti y a mí nos afloran sentimientos, y que cada una de ellas nos recuerdan a personas importantes de nuestra vida, o incluso, a momentos que hemos decidido vivir juntos.  Cuantas veces no me pediste una sonrisa para poder marcharte de aquél lugar de la ciudad condal, o alrededores, donde estábamos con nuestros cafés o refrescos.  Cuantas veces brindamos y se rompieron las copas donde vertemos la bebida espirituosa más divina, la vida.  O bebimos para borrar el camino que el destino nos hizo andar sin personas que queríamos.  Cuántas veces hemos repasado la maleta que llenamos de recuerdos, vivencias, para realizar el camino de la vida.  Sin idiomas, sin mapas, sin guías.  Sólo sentimientos.  Surcando los senderos de nuestra vida.  Todo para buscar un largo etc. de cosas.
Al llegar al lugar elegido, entro por la puerta y me dedico a seleccionar el mejor rincón del lugar que me permita, mientras espero mi ansiada compañía, observar y adivinar las historias de cada  de las personas que allí se encuentran.  Una vez elegida me siento, y pido una de las bebidas que suelo degustar con tus compañías de días como hoy. 
En el hilo musical del lugar,  y donde yo ya he comenzado a escribir estas líneas de lo que será hoy nuestro encuentro, suenan música de todos los idiomas, que me vuelven a recordar a personas que forman parte de mi vida.  Suena  un padre que decidió dedicarle unas letras a su hijo de 4 años, después de perderlo, para decirle que lo echa de menos pero que seguirá adelante, y creo que no sólo me recuerda a todos y cada uno de las que añoró, si no que a una mesa que hay en el fondo derecho se la podría asignar algunas de las personas que hay sentadas. Ya que, aun que son muchos,  en la cara de alguno se nota que siente esa añoranza.  Él, también, le canto a que cambiaría el mundo para ser mejor persona, y hacerlo por alguien a quien quiere.  Esta es para la pareja que tengo a mi izquierda, que aún que hablan acaloradamente, se nota que el uno sin el otro no pueden estar.  Son perfectos.  También suena una mujer que su voz es pura energía.  Que le ha cantado a la gente que critica, al amor, al lo que se siente cuando te rozan las manos de una persona que quieres.  Esa que es pura energía, y que me recarga las pilas de vez en cuando.  Está va para la chica que tengo sentada en la mesa de enfrente y que habla por teléfono, está pendiente de que su agenda del móvil coincida con su agenda diaria, que se organiza, la canción que suena me la esta describiendo perfectamente.  Me cuenta su historia sin quererlo.  Me da la bienvenida a su realidad.
Después de escuchar varias canciones más, cuando suena una que habla de la confianza que se tienen dos personas, por fin, apareces. Tal y como avanzaba la letra tú te diriges a la mesa con la sonrisa que te caracteriza, y ese guiño pícaro que cuando lo ves me transmite paz, tranquilidad, seguridad y confianza.  Un regalo que se que es seguro cuando estoy sentada frente a ti.  Y que, llegado estos momentos, jamás quiero que se acabe. Porqué me siento a gusto. Desconecto y viajo a las entrañas del mundo del conocimiento y la sabiduría de la vida.  Llegas, y después du un caluroso saludo, donde noto que nos hemos echado de menos, y que queríamos que llegará éste momento, te sientas, y pides lo de siempre.  No varías, lo tienes claro, y eso me gusta.
Comenzamos a charlar, y a observar a nuestro alrededor y comentamos todo lo que podemos imaginar de lo que nos rodea.  Esto hace que nuestra charla empiece a llegar al momento más excelente y esperado de la tarde.  Sería como un precalentamiento léxico previo a una gran oratoria de la vida que trataremos en el día de hoy.  Una gran exposición de lo que son los “porqués” de la vida. Pienso que el día que no tengamos ese momento o tema con el que comenzar trataremos de cómo se cazan los gamusinos o de cualquier otro tipo de conversaciones de besugo. Sigo escuchándote, y por fin, emites las palabras mágicas que las había descifrado en tu rostro, pero no te atrevías a pronunciar: “No entiendo nada”.
Yo creo que cuando usamos esta expresión es debido a que no comprendemos, en la mayoría de las veces, el comportamiento de ese animal que se hace, o nos hacemos llamar, ser humano.  También irá precedido de algún tipo de “porqué o porque, por que o por qué”.  Para acentuar la justificación que necesitamos. Para, después, llegar a un punto concreto de las cosas.  A lo que yo te respondo que ese comportamiento es difícil de entender, y que, buscar cualquier justificación es insólita porque jamás lo entendemos.  Pero, que aún así, seguiremos buscando la justificación que nos lo haga comprender.
Para todo ello, me remito a frase que me dijeron una vez.  Decía algo como “valora lo que tienes, supera lo que te duele y lucha por lo que quieres”.
Ya sé que todo lo que me dices te duele, que valoras eso que no te deja comprender, y que luchas por entender.  Pero yo te digo que lo mismo que respondí ese día.  Pues, desde hace tiempo, lo que hago a diario es agradecer muchas cosas, pero también intento superar aquellas cuantas que dejaron heridas profundas y dolorosas.  Esas que suelen dejar cicatriz, pero hasta que curan te hacen sufrir lo insufrible.  Valoro mucho lo que tengo, hasta el día de hoy, y a las personas, que día a día, me ayudáis a superar el dolor de esas heridas.  Y también sois el pilar que me apuntalan.  Que no me dejáis caer, que secáis mis lágrimas.  Que me escucháis.  Por todos vosotros y por muchas cosas más, lucho cada día.  Por estar ahí sin que me veáis, por vivir, por seguir y por ti.  Esa es mi lucha, mi valor y mi superación de cada día.
Yo te digo eso.  Ya sé que “cada día sabemos más y entendemos menos” eso es lo que me dijo Einstein en una de las muchas conversaciones que tenemos.  No te rías, es cierto, charlamos mucho, igual que contigo.  Además reconozco que aprendo mucho, como contigo, si tuviera una pestaña como en esas redes sociales, clicaría aquello de “Me gusta”.
Lo sé, me falta algún tornillo, pero me ha servido para, hoy, arráncate yo esa sonrisa.  Para no buscar más lo  no entendible.  Para que luches por lo que quieres, valoremos lo que poseamos, olvidemos lo que nos duele, y disfrutemos de lo que tenemos.  Como estos ratos.
Siempre digo que no hemos de buscar la justificación necesaria para sentirnos a gusto con lo que nos hacen los demás, o a veces también hacemos nosotros mismos.  Y nos duele ver ese comportamiento o acción.  Es la decisión que tomamos cada uno, y a veces, ni nosotros mismos no entendemos nada de lo que hacemos.

martes, 18 de octubre de 2011

Buscando los Porqués

Hace tiempo tuve la idea de inaugurar o crear un blogg donde poner un montón de temas en común, que son míseros, pero que si reflexionamos nos surgen grandes preguntas a todos.   Que nadie me diga que nos es cierto, ya que es así.  Muchas, y largas, conversaciones con muchas personas así me lo demuestran.  Esas conversaciones no sólo son educativas, pues me enseñan muchas cosas, sino que además me permiten disfrutar de esas compañías con las que no solo te gusta compartir unas risas, sino que además te sorprenden como un simple tema te puede dar toda una lección de sabiduría y experiencias.
Retomando la creación del blogg debí dejar a un lado, pero ahora he decidido volver a retomarlo.  Lo retomo no sólo porque me encuentre con fuerzas de hacerlo, sino que además, alguien me lo aconsejo como terapia.
Hace muchos meses converse con una amiga, que por la distancia, debíamos hacerlo a través de algo que traen las nuevas tecnologías. Puede parecer un poco frio, pero el chat, fue nuestra primera herramienta de largas, sabias y divertidas conversaciones.  Ella me contaba un pequeño problema que había tenido, y que no entendía, pues no sabía PORQUÉ le había sucedido a ella.  Lo ocurrido no lo había sabido detectar, y cuando consiguió darse cuenta, ya era demasiado tarde.  Ella se sentía fatal, pues no comprendía aquella situación.  Se hundió, incluso la ilusión se le había apagado.  No entendía como toda una vida se podía ir por la borda, así como así.   Largas noches de conversaciones intentando que no se derrumbara, pues yo tampoco entendía aquella situación.
En esa misma época, un personaje conocido –y no diré de qué campo- se quejaba de la situación que él vivía, y el también buscaba su ¿POR QUÉ?  En este caso el no entendía las cosas que tenía a su alrededor, y todos eran, éramos o somos culpables de lo que le estaba ocurriendo en aquel momento.
La verdad es que la situación fue divertida, pero a mí me dio por buscarles a los dos una similitud, y más después de una cena.  En esa cena nuestro conocido fue el tema de conversación, creo que eso es lo que él quería, pero lo cierto es que el tema giraba en la que realmente se estaba organizando por un personaje que buscaba el motivo a su perdida.
Entonces en ese momento yo me hice la pregunta mágica “¿Por qué utilizamos un porque para encontrar una respuesta?”. 
Si analizamos este sustantivo, conjunción causal, preposición o pronombre,  en el fondo nos daremos cuenta que todo, o casi todo, tiene la misma función.
PORQUÉ: Sustantivo, motivo o causa.
PORQUE: Conjunción causal, expresan causa.
POR QUÉ: Interrogación
POR QUE: Preposición y pronombre.  El cual.
Es decir que si analizo todo esto, me doy cuenta que cuando necesitamos buscar un motivo de algo que nos ha sucedido, o nos sucede, buscamos el porqué de las cosas. Primero nos preguntamos aquello de ¿Por qué? Es decir, cual es el motivo de que nos sucediera algo.  Si respondemos con un PORQUÉ, queremos justificar el motivo que nos ha sucedido. 
Mi amiga buscaba el motivo de aquella situación que la estaba llevando a un pozo, del que es muy difícil salir.  Ella buscaba el motivo de que hiciera que le cambiará la vida de un plumazo.  Atrás dejaba trabajo, amigos y en parte familia.  Todo lo que tenía por una nada, ¿Por qué le sucedió?  Quizá sí que lo sepamos, pero pude ser muy duro reconocerlo y buscar donde fallamos en un momento dado de la vida.  O no, simplemente es una falta de desinterés que a veces sucede o un rendimiento por el cansancio de la rutina.  Pero a fecha de hoy, vuelve a levantar la cabeza y su motivo quedo atrás.  Pues ahora cuando se ve caer, vuelve a buscar el motivo que la hizo volver a levantarse.
A nuestro personaje famoso lo que buscaba, o no quería reconocer, la derrota que a veces nos podemos encontrar en nuestro día a día.  Cosas que no conseguimos vencer pues nuestros oponentes son más fuertes que nosotros o simplemente su estrategia es mucho mejor planificada que la nuestra.  Podríamos decir, que realizarán un trabajo exhaustivo y metódico que alguna vez tiene recompensas buenas, y otras, a la larga, no son tan exquisitas para quién las piensa y las lleva a cabo.  Pero nuestro personaje decidió tirar sus balones fuera y no mirar si en su campo había alguna debilidad o no.
Yo, debo de reconocer, que más de una vez he buscados los PORQUÉS de muchas cosas sucedidas, y más en los últimos tiempos.  Y también he utilizado la pregunta de -¿POR QUÉ a mí?- O incluso me intentado justificar diciendo aquello de -PORQUE será mejor que yo- Pero lo cierto es que no hay nadie mejor que nadie, sino que nadie confiesa, o pocos lo hacen, la preocupación por que sufrimos o dejamos que los demás lo hagan.