Hoy, mientras espero como todos los días en que nos encontramos, estoy indecisa si degustaré uno de aquellos intensos y largos cappucchinos que me traen recuerdos gratos y melancólicos de mi visita a la ciudad de los canales. O por el contrario degustar un dulce caramelo macchiato, con el que nutrir mis neuronas de rica glucosa para traer recuerdos dulces, y adornar, más si cabe, las risas que surgen en nuestros encuentros. Encuentros que sirven para aprender de las experiencias de la vida que me cuentas. Para sonreír, para observar, y porque no, para llorar, de vez en cuando, con las cosas de la vida.
Cuando iba de camino a uno de nuestros muchos lugares de encuentro, en mi reproductor de música sonaban canciones que a ti y a mí nos afloran sentimientos, y que cada una de ellas nos recuerdan a personas importantes de nuestra vida, o incluso, a momentos que hemos decidido vivir juntos. Cuantas veces no me pediste una sonrisa para poder marcharte de aquél lugar de la ciudad condal, o alrededores, donde estábamos con nuestros cafés o refrescos. Cuantas veces brindamos y se rompieron las copas donde vertemos la bebida espirituosa más divina, la vida. O bebimos para borrar el camino que el destino nos hizo andar sin personas que queríamos. Cuántas veces hemos repasado la maleta que llenamos de recuerdos, vivencias, para realizar el camino de la vida. Sin idiomas, sin mapas, sin guías. Sólo sentimientos. Surcando los senderos de nuestra vida. Todo para buscar un largo etc. de cosas.
Al llegar al lugar elegido, entro por la puerta y me dedico a seleccionar el mejor rincón del lugar que me permita, mientras espero mi ansiada compañía, observar y adivinar las historias de cada de las personas que allí se encuentran. Una vez elegida me siento, y pido una de las bebidas que suelo degustar con tus compañías de días como hoy.
En el hilo musical del lugar, y donde yo ya he comenzado a escribir estas líneas de lo que será hoy nuestro encuentro, suenan música de todos los idiomas, que me vuelven a recordar a personas que forman parte de mi vida. Suena un padre que decidió dedicarle unas letras a su hijo de 4 años, después de perderlo, para decirle que lo echa de menos pero que seguirá adelante, y creo que no sólo me recuerda a todos y cada uno de las que añoró, si no que a una mesa que hay en el fondo derecho se la podría asignar algunas de las personas que hay sentadas. Ya que, aun que son muchos, en la cara de alguno se nota que siente esa añoranza. Él, también, le canto a que cambiaría el mundo para ser mejor persona, y hacerlo por alguien a quien quiere. Esta es para la pareja que tengo a mi izquierda, que aún que hablan acaloradamente, se nota que el uno sin el otro no pueden estar. Son perfectos. También suena una mujer que su voz es pura energía. Que le ha cantado a la gente que critica, al amor, al lo que se siente cuando te rozan las manos de una persona que quieres. Esa que es pura energía, y que me recarga las pilas de vez en cuando. Está va para la chica que tengo sentada en la mesa de enfrente y que habla por teléfono, está pendiente de que su agenda del móvil coincida con su agenda diaria, que se organiza, la canción que suena me la esta describiendo perfectamente. Me cuenta su historia sin quererlo. Me da la bienvenida a su realidad.
Después de escuchar varias canciones más, cuando suena una que habla de la confianza que se tienen dos personas, por fin, apareces. Tal y como avanzaba la letra tú te diriges a la mesa con la sonrisa que te caracteriza, y ese guiño pícaro que cuando lo ves me transmite paz, tranquilidad, seguridad y confianza. Un regalo que se que es seguro cuando estoy sentada frente a ti. Y que, llegado estos momentos, jamás quiero que se acabe. Porqué me siento a gusto. Desconecto y viajo a las entrañas del mundo del conocimiento y la sabiduría de la vida. Llegas, y después du un caluroso saludo, donde noto que nos hemos echado de menos, y que queríamos que llegará éste momento, te sientas, y pides lo de siempre. No varías, lo tienes claro, y eso me gusta.
Comenzamos a charlar, y a observar a nuestro alrededor y comentamos todo lo que podemos imaginar de lo que nos rodea. Esto hace que nuestra charla empiece a llegar al momento más excelente y esperado de la tarde. Sería como un precalentamiento léxico previo a una gran oratoria de la vida que trataremos en el día de hoy. Una gran exposición de lo que son los “porqués” de la vida. Pienso que el día que no tengamos ese momento o tema con el que comenzar trataremos de cómo se cazan los gamusinos o de cualquier otro tipo de conversaciones de besugo. Sigo escuchándote, y por fin, emites las palabras mágicas que las había descifrado en tu rostro, pero no te atrevías a pronunciar: “No entiendo nada”.
Yo creo que cuando usamos esta expresión es debido a que no comprendemos, en la mayoría de las veces, el comportamiento de ese animal que se hace, o nos hacemos llamar, ser humano. También irá precedido de algún tipo de “porqué o porque, por que o por qué”. Para acentuar la justificación que necesitamos. Para, después, llegar a un punto concreto de las cosas. A lo que yo te respondo que ese comportamiento es difícil de entender, y que, buscar cualquier justificación es insólita porque jamás lo entendemos. Pero, que aún así, seguiremos buscando la justificación que nos lo haga comprender.
Para todo ello, me remito a frase que me dijeron una vez. Decía algo como “valora lo que tienes, supera lo que te duele y lucha por lo que quieres”.
Ya sé que todo lo que me dices te duele, que valoras eso que no te deja comprender, y que luchas por entender. Pero yo te digo que lo mismo que respondí ese día. Pues, desde hace tiempo, lo que hago a diario es agradecer muchas cosas, pero también intento superar aquellas cuantas que dejaron heridas profundas y dolorosas. Esas que suelen dejar cicatriz, pero hasta que curan te hacen sufrir lo insufrible. Valoro mucho lo que tengo, hasta el día de hoy, y a las personas, que día a día, me ayudáis a superar el dolor de esas heridas. Y también sois el pilar que me apuntalan. Que no me dejáis caer, que secáis mis lágrimas. Que me escucháis. Por todos vosotros y por muchas cosas más, lucho cada día. Por estar ahí sin que me veáis, por vivir, por seguir y por ti. Esa es mi lucha, mi valor y mi superación de cada día.
Yo te digo eso. Ya sé que “cada día sabemos más y entendemos menos” eso es lo que me dijo Einstein en una de las muchas conversaciones que tenemos. No te rías, es cierto, charlamos mucho, igual que contigo. Además reconozco que aprendo mucho, como contigo, si tuviera una pestaña como en esas redes sociales, clicaría aquello de “Me gusta”.
Lo sé, me falta algún tornillo, pero me ha servido para, hoy, arráncate yo esa sonrisa. Para no buscar más lo no entendible. Para que luches por lo que quieres, valoremos lo que poseamos, olvidemos lo que nos duele, y disfrutemos de lo que tenemos. Como estos ratos.
Siempre digo que no hemos de buscar la justificación necesaria para sentirnos a gusto con lo que nos hacen los demás, o a veces también hacemos nosotros mismos. Y nos duele ver ese comportamiento o acción. Es la decisión que tomamos cada uno, y a veces, ni nosotros mismos no entendemos nada de lo que hacemos.
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