domingo, 23 de marzo de 2014

DIME PORQUE



Desde hace un rato llevo pensando como comenzar con estas líneas.  Acabas de marcharte por la misma puerta por la que, hoy, te vi entrar.  Tú llegada ha sido toda una sorpresa, pero a la vez, un tanto extraña.  El lugar es uno de esos cafés, donde tantas veces nos encontramos y comenzamos nuestras charlas.  Hoy has entrado con esa sonrisa habitual, que tantas veces habré descrito, pero hoy, como tú visita, tenía algo diferente, inusual.  Te acercaste, e incluso nuestro saludo, tenía algo diferente.  Algo me decía que vienes buscando “Porqués”. Te sientas y pides.  Esta vez, es algo nuevo.  Comienzo a buscar la razón de tan diferente comportamiento.  Hoy, creo, que vienes buscando una respuesta.  Una justificación del comportamiento de un animal tan ambiguo, que nos hacemos llamar ser humano.
Desde que te has ido, no deja de resonar en mi cabeza una frase que me dijeron una vez, y creo, que ya la he utilizado como justificación para alguna de las búsquedas de esos “Porqué”.  Ese alguien me dijo:”Conserva lo que tienes, olvida lo que te duele. Lucha por lo que quieres, valora lo que posees, perdona a los que te hieren, y disfruta de los que te aman.  Nos pasamos la vida esperando a que pase algo, y lo único que pasa es la vida. No entendemos el valor de los momentos, hasta que se han convertido en recuerdos”.
Es un recuerdo, que aquí sentada, me hace dudar, si te has llevado las respuestas que has venido a buscar.  Hoy viniste haciendo una pregunta muy clara, pero también muy amplia.  Dos palabras llenas de muchos significados. “Dime por qué”  Verdaderamente me sorprendo. Pero aún más,  cuando me dices “Ayúdame a buscar los porqués a mis preguntas. No encuentro ninguna respuesta.  Si las tienes, dámelas”. Hoy estas rompiendo el esquema habitual de estos encuentros que alimentan estas líneas. No sé si tendré las respuestas que buscas, pero quiero ayudarte, me encuentro en la necesidad de ayudarte.  Como tú haces conmigo.  Y creo, qué,  por ahora, no le buscaré uno de esos “Porqués” a esa necesidad.
Lo primero que he hecho ha sido paliar esa sed que tienes de buscar la justificación a todo lo que está ocurriendo.  Comienzas a decirme que sabes que has cambiado.  Que ya no eres la misma persona que yo conocía.  Que algo habrás tenido que hacer para, que siempre, te digan lo mismo.  Pero que esto no va a continuar así. Y que ahora, sí que vas a cambiar de verdad. Creo que mi cara de sorpresa, que no te deja indiferente, hace que me digas que siempre lo has dado, y lo das, todo por todos.  Que te implicas, que nos ayudas.  Que estás ahí. Pero siempre, te vuelve a pasar lo mismo.  Que llegado a un punto, siempre encuentras la misma respuesta, o pregunta, nunca lo sabes.  ¿Por qué has cambiado? y entonces, cuando alguien te dice eso, tú siempre, te acabas preguntando “¿Por qué a mí?” Pero sabes, creo que lo que tú tienes hoy, no es nada de extraño, pues déjame que te diga, que algunas personas se fijan en todos los errores que cometes, pero nunca, en todo lo que haces por ellos. ¿Te sorprendes? Pues yo no.  Sabes que nunca se complace a nadie por igual.  Siempre habrá alguien que te juzgara porque eres lo que no han podido ser.  Y esto lo decimos, porque quién tenemos alrededor, ya no baila a nuestro son.  Y comenzamos a olvidar lo bueno que han podido hacer por nosotros, si no que, sólo recordamos lo negativo.
Pero por primera vez, creo, que no tengo, o si, esa justificación necesaria al comportamiento de ese animal que nos hacemos llamar ser humano.

Pero sabes, hoy te he dejado marchar por esa puerta, no sé si con tus respuestas o no.  Pero ahora me doy cuenta que hoy, te has ido sin algo, que voy a intentar que te lleves con estas líneas.  Hoy cruzaste esa puerta, por la que tantas veces te veo entrar, y aún no sé, pesé a la necesidad de ello, porque me quedé aquí sentada.  Pero al irte hubiera salido corriendo para buscarte y darte ese abrazo que tantas veces me has dado, y que te dijera eso que, tan bien sabes decirme. “Tranquilízate.  He estado, estoy, y estaré aquí.  Porque todo pasará.  Porqué no eres tú quien cambio, si no los que no sabemos apreciar lo esencial de las personas.  Eso que tenemos cada uno de nosotros y podemos compartir para que los demás sean mejores.  Pero no, no cambiaste, sigues siendo quién conocí, en algún momento de esta existencia.  Quien no se rinde.  Quien lucha por lo que cree, y por lo que quiere.  La persona que te tiende su mano. La que ríe o llora contigo, si es necesario, y la que alimenta estas líneas.  Las vivencias y las experiencias que me llevan a buscar los porqués de la vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario