Desde hace un rato llevo pensando como comenzar con estas líneas. Acabas de marcharte por la misma puerta por
la que, hoy, te vi entrar. Tú llegada ha
sido toda una sorpresa, pero a la vez, un tanto extraña. El lugar es uno de esos cafés, donde tantas
veces nos encontramos y comenzamos nuestras charlas. Hoy has entrado con esa sonrisa habitual, que
tantas veces habré descrito, pero hoy, como tú visita, tenía algo diferente,
inusual. Te acercaste, e incluso nuestro
saludo, tenía algo diferente. Algo me decía
que vienes buscando “Porqués”. Te
sientas y pides. Esta vez, es algo
nuevo. Comienzo a buscar la razón de tan
diferente comportamiento. Hoy, creo, que
vienes buscando una respuesta. Una
justificación del comportamiento de un animal tan ambiguo, que nos hacemos
llamar ser humano.
Desde que te has ido, no deja de resonar en mi cabeza una
frase que me dijeron una vez, y creo, que ya la he utilizado como
justificación para alguna de las búsquedas de esos “Porqué”. Ese alguien me dijo:”Conserva lo que tienes, olvida lo que te
duele. Lucha por lo que quieres, valora lo que posees, perdona a los que te
hieren, y disfruta de los que te aman.
Nos pasamos la vida esperando a que pase algo, y lo único que pasa es la
vida. No entendemos el valor de los momentos, hasta que se han convertido en
recuerdos”.
Es un recuerdo, que aquí sentada, me hace dudar, si te has
llevado las respuestas que has venido a buscar.
Hoy viniste haciendo una pregunta muy clara, pero también muy
amplia. Dos palabras llenas de muchos
significados. “Dime por qué” Verdaderamente me sorprendo. Pero aún más, cuando me dices “Ayúdame a buscar los porqués a mis preguntas. No encuentro
ninguna respuesta. Si las tienes,
dámelas”. Hoy estas rompiendo el esquema habitual de estos encuentros que
alimentan estas líneas. No sé si tendré las respuestas que buscas, pero quiero
ayudarte, me encuentro en la necesidad de ayudarte. Como tú haces conmigo. Y creo, qué, por ahora, no le buscaré uno de esos “Porqués” a esa necesidad.
Lo primero que he hecho ha sido paliar esa sed que tienes de
buscar la justificación a todo lo que está ocurriendo. Comienzas a decirme que sabes que has
cambiado. Que ya no eres la misma
persona que yo conocía. Que algo habrás
tenido que hacer para, que siempre, te digan lo mismo. Pero que esto no va a continuar así. Y que
ahora, sí que vas a cambiar de verdad. Creo que mi cara de sorpresa, que no te
deja indiferente, hace que me digas que siempre lo has dado, y lo das, todo por
todos. Que te implicas, que nos
ayudas. Que estás ahí. Pero siempre, te
vuelve a pasar lo mismo. Que llegado a
un punto, siempre encuentras la misma respuesta, o pregunta, nunca lo sabes. ¿Por qué has cambiado?” y entonces, cuando alguien te dice
eso, tú siempre, te acabas preguntando “¿Por qué a mí?” Pero sabes, creo que lo que tú tienes hoy, no es nada de extraño,
pues déjame que te diga, que algunas personas se fijan en todos los errores que
cometes, pero nunca, en todo lo que haces por ellos. ¿Te sorprendes? Pues yo
no. Sabes que nunca se complace a nadie
por igual. Siempre habrá alguien que te
juzgara porque eres lo que no han
podido ser. Y esto lo decimos, porque quién tenemos alrededor, ya no
baila a nuestro son. Y comenzamos a olvidar
lo bueno que han podido hacer por nosotros, si no que, sólo recordamos lo
negativo.
Pero por primera vez, creo, que no tengo, o si, esa
justificación necesaria al comportamiento de ese animal que nos hacemos llamar
ser humano.
Pero sabes, hoy te he dejado marchar por esa puerta, no sé si
con tus respuestas o no. Pero ahora me
doy cuenta que hoy, te has ido sin algo, que voy a intentar que te lleves con
estas líneas. Hoy cruzaste esa
puerta, por la que tantas veces te veo entrar, y aún no sé, pesé a la
necesidad de ello, porque me quedé
aquí sentada. Pero al irte hubiera
salido corriendo para buscarte y darte ese abrazo que tantas veces me has dado,
y que te dijera eso que, tan bien sabes decirme. “Tranquilízate. He estado,
estoy, y estaré aquí. Porque todo
pasará. Porqué no eres tú quien cambio,
si no los que no sabemos apreciar lo esencial de las personas. Eso que tenemos cada uno de nosotros y
podemos compartir para que los demás sean mejores. Pero no, no cambiaste, sigues siendo quién
conocí, en algún momento de esta existencia. Quien no se rinde. Quien lucha por lo que cree, y por lo que quiere. La persona que te tiende su mano. La que ríe o llora contigo, si es necesario, y la que alimenta estas líneas. Las vivencias y las experiencias que me
llevan a buscar los porqués de la
vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario